"Torre de luz". JUAN M. LAX EN PROGRESO 80

Inauguración, viernes 6 de noviembre de 2015, a las 20:00 horas. Espacio Expositivo Progreso 80.

La pintura como destino

Susceptible de representación, la obra de arte siempre ha sido objeto de copia o reproducción por maestros para difundir las obras.
La reproducción técnica de la obra de arte se impone en la historia de forma intermitente, pero con intensidad creciente. Ya los griegos reproducían en masa terracotas, monedas, etc,.
La xilografía hizo que por primera vez se reprodujera técnicamente el dibujo. En el curso de la Edad Media, se añade el grabado, el aguafuerte y la litografía.
En el siglo XIX, la técnica de reproducción alcanza un grado técnico importante con la fotografía.
En el proceso de la reproducción plástica, la mano se descarga por primera vez de las incumbencias mas importantes y que en adelante van a concernir únicamente ojo que mira por el objetivo; el ojo es mas rápido captando que la mano dibujando; es por eso que se ha apresurado tanto el proceso de la reproducción plástica, que ya puede ir al paso con la palabra hablada (el cine).

Hacia 1.900, la reproducción técnica había alcanzado un estándar en que, no solo alcanzaba a convertir en tema propia la totalidad de las obras de arte, sino que también conquistaba un puesto específico entre los procedimientos artísticos.
Lo auténtico conserva su autenticidad plena, no ocurre lo mismo con la reproducción técnica, que se acredita como mas independiente que la manual respecto al original.
Las circunstancia en la que se exhiba el producto de la reproducción de una obra de arte, quizás dejen intacta la consistencia de esta. Sin embargo, el proceso aqueja en el objeto de arte una médula sensibilísima que ningún objeto natural posee en grado tan vulnerable, su autenticidad; aunque lo que se tambalea de tal suerte es su propia autoridad, el aura.
La técnica reproductiva, desvincula lo reproducido del ámbito de la tradición; al multiplicar las reproducciones, pone su presencia en lugar de la “presencia irrepetible” y confiere la actualidad a lo representativo, al permitirle salir desde su situación respectiva al encuentro de cada destinatario, en estrecha relación con los movimientos de masas en nuestros días. Quitarle su evolución a cada objeto, triturar su aura, es la asignatura de una percepción, cuyo sentido para lo igual en el mundo, ha crecido tanto que incluso, por medio de la representación, le gana terreno a lo irrepetible.
En la época de la reproductividad técnica, el arte se desliga de su fundamento cultural y el alo de su autonomía se extingue para siempre y llega el hombre a la situación de actuar, renunciando a su aura. Son necesidades elementales de la máquina las que desmenuzan; es la exposición de un proceso la que aparece como un veloz discurso unitario.
El extrañamiento del autor frente al mecanismo, es la misma índole que el que siente el hombre ante su aparición en el espejo, pudiendo ser transportable ante el público.

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